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Cerca de un millón de personas habitan en ésta ciudad de Marruecos que vive exclusivamente del turismo, una ciudad que cautiva por los innumerables lugares de interés cultural que atesora, una de las medinas más grandes del país, jardines llenos de historia, cementerios históricos abiertos al público y una plaza que sobrepasará nuestras expectativas bajo la atenta mirada del minarete más alto de la ciudad, ésto es Marrakech.

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Marrakech

Comenzamos nuestro camino en la plaza de Jemaa el Fna, ahora mismo me encuentro en éste lugar escribiendo éstas notas desde el Café Glacier, es temprano y he seguido el consejo de varios viajeros, sentándome tranquilamente en la terraza de éste café, tomándome la bebida local, un té a la menta, mientras observo la vida pasar en ésta plaza definida como punto de partida para conocer la ciudad.

Te a la menta

Marrakech

La mezcla de sonidos, olores y personajes ejercen una continua curiosidad ante el viajero, durante al paseo, por su interior podremos disfrutar de un zumo de naranja por 4 dirhams (0,40 céntimos de euro) en cualquiera de los numerosos puestos de cítricos que rodean la plaza con sus carros llenos de color.

En ésta zona el silencio no existe, continuamente escucharemos personas que nos llaman, que nos hablan en varios idiomas hasta dar con el nuestro, con el fin de vendernos cualquier cosa o conducirnos  por la medina a cambio de unas monedas, nos preguntarán, ¿eres español? ¿italiano? o nos saludarán en francés (Bonjour monsieur); momentos en el que conviene hacerse el sueco si no te interesa nada de lo que te puedan ofrecer.

Marrakech

Marrakech

Encantadores de serpientes, tatuadoras de henna, macacos domesticados para posar en el hombro del turista o espectáculos saharianos, entre otras cosas, son muchas de las atracciones turísticas que encontraremos en el lugar.

Marrakech

Gran parte del contorno de la plaza se encuentra rodeado de restaurantes con terrazas de vista panorámica para disfrutar de una de las mejores vistas urbanas que te puede regalar éste país, la Koutubia sobresale en cada rincón, convirtiéndose en un punto de referencia con sus 70 metros de altura; en su punto más alto, figuran cuatro bolas doradas, que según la leyenda, la cuarta bola (la más pequeña) fue fabricada con el oro que donó la sultana, esposa de Yacub-al Mansur, por no haber respetado el ramadán; la entrada a la mezquita está prohibida, sólo pueden acceder a ella los musulmanes.

Marrakech

Abundan también las calesas aparcadas a un lado de la plaza, preparadas para recorrer la ciudad con total tranquilidad bajo la sombra.

Al atardecer buscamos un lugar ideal para prepararnos con nuestra cámara de fotos y captar el ambiente de la plaza bajo la mirada de un cielo lleno de color, para ello nada mejor que subir a una de las múltiples terrazas panorámicas, pedirnos un refresco (consumición obligatoria para acceder) y disfrutar de éste regalo para los sentidos.

Marrakech Marrakech Marrakech

Un vez se haya escondido el sol en el horizonte, la plaza se prepara para darle de comer al turista con cerca de un centenar de puestos de comida, donde se sirve todo tipo de platos, los camareros se encargan de dirigirnos hacia su puesto, insistentes como pocos prepararan sus mejores comentarios para seducir al cliente dependiendo de su nacionalidad: “Mira mi amigo se parece a Paquirrín”, “Hola miarma”, “Tenemos mejores precios que el Mercadona”, “En España mucha crisis, mucho Rajoy”, y un largo etcétera.

Nos alejamos de la plaza dirección al norte, para encontrarnos uno de los mayores valores que contiene la zona histórica; La madraza o medersa Ben Youssef fue una escuela del corán, uno de los más bellos edificios de la ciudad, su patio concentra todas las miradas por su belleza, a su alrededor, se distribuyen en dos plantas, lo que fueron las habitaciones de los alumnos, diminutas y con poca ventilación, si tenemos en cuenta que en cada una de ellas dormían aproximadamente 8 alumnos.

Medersa ben Youssef Medersa Ben Youssef Medersa Ben Youssef Medersa Ben Youssef

A unos dos kilometros de la ciudad tenemos el Jardín de la Menara, aconsejable trasladarse en petit taxi, por la interminable avenida que conduce al lugar donde no hay nada especial que ver, tratándose de una de las postales más conocidas de Marrakech, su visita es prácticamente obligatoria, aunque debería de incluir una letra pequeña que incluya que su visita debe de hacerse durante el amanecer o atardecer, es aquí cuando éste histórico lugar gana más, el lago refleja toda la superficie, el cielo se torna a un azul suave y la sensación de paz es absoluta.

Jardin de la Menara

Los zocos se encuentran en la mitad norte de la medina y se agrupan por categorías, alimentación, textiles, joyas, cuero, alfombras entre otras cosas, al adentrarnos por éste laberinto lo más normal es perderse, muchas calles parecidas, demasiadas intersecciones y una muy pobre señalización nos harán llegar a puntos desconocidos de la medina, cierto es, que encontraremos carteles que indican la dirección a la plaza Jamaa el Fna, en cambio éstas indicaciones lo que hacen es guiarte por todos sus zocos, la famosa estrategia Ikea, por lo que un camino que normalmente se hace en 8 minutos puede demorarse en 30.

Marrakech Marrakech Marrakech

Caminamos hacia las Tumbas Saadíes, próximas al palacio real, un cementerio histórico en perfecto estado de conservación donde están enterrados los soberanos saadíes, agrupados en dos mausoleos de mármol, destaca la sala de las doce columnas, donde está enterrado el soberano, las tumbas que se encuentran repartidas a lo largo del jardín pertenecían a sirvirentes y amigos del sultán.

Tumbas saadies

Marrakech es una ciudad increíble, para disfrutar, es una pena, que muchas de las personas que viven en ella quieran explotar al turismo a cualquier precio, una explotación no regulada por el país, en el que toda persona tiene carta blanca para acosar al turista a su antojo, especialmente dentro de la medina, por todo ésto, Marrakech o te gusta mucho, o no te gusta nada.

Fotografía y texto: David Azurmendi

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